Son como las Hienas o del lenguaje totalitario

Son como las Hienas- dice Francesc Homs. El 53% de catalanes somos como las hienas. La democracia es como las Hienas.

Mientras no se sabía a ciencia cierta cuál era la mayoría independentista no se hacían este tipo de comparaciones y el proceso se basaba en la revolución de las sonrisas. Había una incertidumbre sobre el verdadero apoyo a la independencia y gracias a esta incertidumbre se podía vender con rotundidad que las multitudes callejeras equivalían al pueblo de Cataluña y que la mayoría democrática se reflejaba en estas calles llenas de gente.

Se sabía que había una mayoría silenciosa pero también se la podía ridiculizar porque las manifestaciones unionistas no alcanzaban las cifras de participantes de las manifestaciones del proceso. Esto daba pie a que los independentistas pudieran decir satisfechos ¿Dónde está vuestra mayoría silenciosa? Y sonreían y podían legitimar su proceso gracias a la diferencia numérica que había entre las manifestaciones a favor del proceso y las manifestaciones unionistas. No era necesario que nadie nos comparara con las hienas, ya que podían jugar a hacer ver que la democracia equivalía al número de asistentes a las manifestaciones y no al resultado que se deriva de las urnas.

El 27 de septiembre se celebran elecciones y el resultado queda muy alejado de la esperada mayoría. Sin embargo, esta derrota no se puede traducir en la muerte del proceso. Hay que seguir adelante, negar primero la evidencia de la derrota y aprobar resoluciones golpistas que ellos saben no pueden legitimar. Pero también comenzar lentamente a hacer declaraciones que reconozcan que no hay mayoría suficiente para culminar la independencia. Asumir, pues, la no-mayoría pero sin dejar que el proceso muera. Por eso, no pueden decir - Escuchad, no somos mayoría y la independencia no es posible- no, no, este giro, este reconocimiento de la no-mayoría, no puede ser gratuito, no puede ser una mera explicación de los hechos y conformidad posterior de los hechos o de la realidad. Para que el reconocimiento de la no-mayoría no suponga el fin del proceso, deben reforzar aún más la idea de que la democracia en realidad tiene unos culpables, que la democracia no está bien hecha ¿Quién es catalán y quién no es catalán? ¿Por qué una guapa andaluza de Jerez se puede presentar a las elecciones de Cataluña? ¿Por qué un catalán que no habla catalán y por tanto -ergo- no ama Cataluña, debe poder votar?

El discurso de la xenofobia comienza en las redes sociales, se digiere en las redes sociales, y una vez digerido, asciende hacia arriba y se convierte en discurso oficial, por lo que las comparaciones oficiales ya pueden ser expresamente repulsivas: hienas, insectos, ratas, el reconocimiento de la no-mayoría ya puede sustentarse en un lenguaje repulsivo contra los que votamos no a la independencia. Es el lenguaje totalitario, claro, el lenguaje de odio contra la oposición: lo único que les queda para continuar con un proceso que no es mayoritario; lo único que les quedaba -digo- porque si pudieran transformar el lenguaje en acto jurídico, no nos permitirían votar a todos aquellos que no queremos la independencia o no dejarían votar a aquellos que no saben catalán. Por algo somos Hienas, animales indeseables, animales carroñeros, animales que olemos mal, animales que deberíamos salir de esta Cataluña ideal colmada de hermosas gacelas independentistas.