Se han quedado sin excusas

La excusa es decir que la resolución que abre las puertas a la sedición es un mecanismo de presión al estado español para poder terminar celebrando un referéndum. El hecho de que España no quisiera negociar la celebración de un referéndum sería el motivo que excusaría y exculparía a los diputados independentistas que ayer aprobaron la resolución golpista. Junqueres y Romeva han manifestado que el referéndum ya no forma parte de la hoja de ruta, pero una mayoría de sus votantes o, al menos, los que parecen más moderados- por decirlo así-, siguen pensando que tal voluntad de pasar página al referéndum en realidad es una cortina de humo y la resolución golpista una amenaza para que España acepte celebrar el referéndum.

El proceso siempre necesita una excusa. Antes del plebiscito la excusa para romper con España era que la separación forzosamente debía venir apoyada por un amplio apoyo democrático. Ahora que se ha puesto de manifiesto que tal apoyo en realidad no existe y que un 53% de los catalanes no quieren la independencia, la excusa es que no nos dejan votar y como no nos dejan votar hay que aprobar resoluciones golpistas que fuercen al estado a aprobar un referéndum.

No obstante, las elecciones en clave plebiscitaria justamente han puesto de manifiesto que una mayoría de catalanes no quieren separarse de España ¿Cómo celebrar entonces un referéndum en un país donde ha quedado demostrado que una mayoría de catalanes quieren seguir formando parte de el estado español? Si los independentistas hubieran ganado las elecciones plebiscitarias con una clara mayoría en votos, aún podrían proponer la celebración de un referéndum con un mínimo de credibilidad. Pero no llegando la voluntad independentista a un 50% de los votos, el referéndum no tiene ningún tipo de justificación si no es precisamente esta voluntad gratuita de confrontación con el estado español.

Visto el fracaso de las plebiscitarias, los independentistas se han quedado sin excusas. El espectáculo del lunes en el parlamento fue demencial; los mismos que votaron a favor de la resolución demostraron menos entusiasmo o un entusiasmo mucho más forzado que los diputados que votaron en contra. Y ello porque los diputados que votaron en contra saben que tienen razón y que además las elecciones del 27S han puesto de manifiesto que tienen razón. Los independentistas se han quedado sin excusas: ya no pueden apelar a la necesidad de dialogar un referéndum porque ni siquiera un 50% de los catalanes quieren construir un vergonzoso muro de división en Cataluña. A estas alturas, los independentistas sólo tienen dos opciones: Aceptar la legalidad española y las reglas de juego establecidas en la Constitución; o bien desobedecer, esperar la intervención del estado español y finalmente comprobar como todos los demás estados civilizados y democráticos defienden expresamente la aplicación de la legislación española contra los golpistas que la intentan desobedecer.